El fotógrafo



Se miraba fijamente la palma de la mano, era como un tic nervioso. Y él sabía que todo mundo lo notaba. Era algo que siempre hacía después de terminar una sesión fotográfica que no le gustaba, que no lo llenaba. Hubiera sido un pésimo jugador de póker, cualquiera ya hubiera notado su nerviosismo, su enojo en una mesa al apostar.
Después de la sesión, dejó la cámara en la mesa de madera que se encontraba junto a la puerta de la cocina de el viejo estudio donde llevaba años viviendo, pocos menos trabajando y haciendo sesiones desde ahí.
Sin mirarlos les hizo a los demás un gesto con la cabeza, gesto con el cual los asistentes de producción y la modelo sabían que era tiempo de irse. Él caminó con la mirada fija en su mano hacia las escaleras que subían al tapanco que había acondicionado como su recamara. De ésta forma había puesto una pequeña barrera que constaba de unos cuantos escalones entre sus sueños y su trabajo.
Mientras subía los escalones escuchó como todos recogían sus pertenencias, caminaban hacia la salida y cerraban la puerta. Estaba totalmente ausente. Su obsesión era demasiada. Muy bien sabía él que quería tomarle fotografías a una sola modelo. A quien él había escogido.
Al llegar la noche preparó todo. Ponía su cámara favorita en el tripié, ponía el fondo en el lugar apropiado para la toma, encendía unas velas y abría una botella de vino. Después se sentaba a esperarla pacientemente en el sillón que veía hacia la puerta, esperando que ésta vez, si llegara.
La había conocido de la manera mas extraña, tal vez por eso se ilusionó. Parecía la escena romántica de una película francesa, en la que mientras el tomaba un expresso en la mesa de la terraza de un café, ella se sentaba en la mesa de a lado echa un manojo de nervios con una enorme bolsa roja, de la que se desbordaban unos libros, un suéter y una mascada. Ella traía puestos los lentes de siempre. Los lentes que él durante tanto tiempo observó colocados cuidadosamente en la mesa de noche del viejo estudio mientras ella dormía placenteramente. Los mismos lentes que ella usaba el último día que la vio. Mientras ella le gritaba y reclamaba que tan “hijo de puta” era; él solo se concentró en los lentes, esos lentes que enmarcaban perfectamente su cara.

Comentarios